Sobre porqué decidim os educar en casa a nuestros hijos


Kairos ACN/ Zabdiel Torres.

Hasta hace poco tiempo, yo era de las personas que criticaban a los padres que sacaban a sus hijos de la escuela para educarlos en casa (homeschooling). Creía sinceramente que era una exageración sacar a los niños de la “realidad del mundo” y meterlos en una “burbuja artificial”. Incluso venía a mi mente Jn. 17:15: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Además, desde niño, personalmente siempre me gustó la escuela, así que nunca había considerado seriamente esa opción educativa. Necesitaba tener mis propios hijos para que Dios cambiara radicalmente mi opinión. Usualmente, Dios habla primero al varón en los asuntos familiares (Mt. 2:13). Comencé a ver actitudes sospechosas en mi primogénito a partir de su ingreso al Kinder. No digo que mi hijo nunca había hecho berrinches, pero de repente adquirió el modo melodramático de tirarse al suelo y revolcarse. Afortunadamente, después de pocas reprensiones desistió de su nueva modalidad de inconformarse. En otra ocasión, lo escuché gritar “¡te voy a matar!”, mientras perseguía a su hermano menor. La sangre se me congeló y tuve el impulso de darle un severo regaño, pero me vino a mi mente una pregunta que me detuvo ¿dónde escuchó eso? Cada día que pasaba tenía que repetirle más y más: “Aunque veas en la escuela a otros niños hacerlo, tú no lo hagas”.
Decidimos implementar en nuestros hijos el programa de formación de carácter de Primero Carácter! (www.primerocaracter.com). Empezamos con la cualidad de Obediencia, luego Atención y más tarde Generosidad. Vimos buenos resultados en ellos, sobre todo los fines de semana, pero una vez que volvían a sus actividades escolares comenzaba la decadencia. Cada día mostraban malas actitudes que contrarrestaban lo aprendido. Para el jueves o viernes ya estaban en la lona, y teníamos que comenzar de nuevo. Era algo muy desgastante, una lucha contracorriente.
Una vez, estando yo leyendo en voz alta el libro de los Salmos, mi hijo me preguntó: “¿Papá, qué es la justicia?”. Como estábamos aprendiendo la cualidad de Obediencia le respondí: “Justicia es obedecer los mandamientos de Dios”. Abrió sus grandes ojos y exclamó: “¡No es cierto! Mi maestra me dijo que la justicia es… es… mmm”. Gracias a Dios no pudo recordar la definición de su maestra, pero comprendí que mis hijos aprenderían en la escuela ideas y conceptos que los llevarían a cuestionar y hasta rechazar los principios de Dios. Me asombró la convicción de su postura, y la poderosa influencia de su maestra; y si esto sucedía a su escasa edad de tres años, ¿qué podría esperar cuando ingresara a la secundaria o a la preparatoria?
Cuando me di cuenta de que la escuela podía representar un obstáculo para enseñar a nuestros hijos los principios de Dios, empecé a investigar más a fondo sobre el homeschooling. Encontré un excelente artículo titulado “El Gran Mandamiento” y después de leerlo comprendí que la educación basada en el conocimiento mental del bien y del mal (como el sistema educativo actual que presenta una multiplicidad de doctrinas y corrientes de pensamiento, la mayoría opuestas a la Palabra de Dios) no puede ser una buena educación.
Repetidas veces, Dios nos previene de buscar el conocimiento del mal (Gn:2:17; Pr. 19:27; Ro. 16:19). Algunos padres piensan que sus hijos deben conocer el mal para “valorar lo que es bueno”, pero esta es la mentira que satanás usó para engañar a Eva: “…y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal” (Gn. 3:5). El Señor quiere que conozcamos a profundidad su Palabra y su Ley, que llenemos nuestra mente de todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre (Fil. 4:8) para que podamos entonces reconocer y apartarnos del mal. Incluso en el mundo se sabe bien que el mejor método para reconocer un billete falso es conocer a profundidad las características del dinero auténtico, y no al revés.
Cuando le comenté a mi esposa que yo estaba pensando seriamente en el homeschooling su reacción de escepticismo fue inmediata. Pero Dios sabe cómo hablar a las mujeres. Un día, ella estaba impartiendo su clase de música en la misma escuela de nuestros hijos, abrió una caja con muñecos de peluche para realizar una actividad con los niños. Una estampida feroz se volcó hacia la caja y no faltó la disputa de dos niños por el mismo juguete. Otra maestra se acercó para poner orden y preguntó: ¿Quién lo agarró primero?, uno de los niños dijo “yo” y entonces la experta en resolución de conflictos se dirigió al perdedor, y le sentenció: “Ni modo, para la otra te pones más listo”. Mi esposa comprendió por qué nuestros hijos competían tan férreamente entre sí, hasta llegar a los golpes, por ganar los juguetes en casa.
Poco a poco, el Señor fue poniendo el mismo sentir y la misma visión en mi esposa. El día del maestro se encontró con un letrero a la entrada de la escuela que decía: “Porque la maestra es como una segunda madre”. Lo primero que pensó fue: ¡Tiene razón!, dado el tiempo que pasa con los niños y la influencia que tiene sobre ellos en todos los ámbitos, incluso en el nivel afectivo y moral. Lo segundo que pensó fue: “¿Y por qué mis hijos van a tener una segunda madre, si tienen a su auténtica madre?” Después de eso, ella misma se puso a investigar y a leer artículos sobre el tema y se suscribió a la Revista del Hogar Educador (www.elhogareducador.org), que es una revista mensual gratuita con información extraordinaria para padres que educan en casa. Ahí supimos que se llevaría a cabo, durante dos días, en el mes de agosto, la Conferencia Anual del Hogar Educador, en la ciudad de Saltillo, México.
Entusiasmados, expectantes de lo que veríamos ahí, fuimos a las Conferencias en Saltillo y nos asombramos de la cantidad de gente que asistió. Más de 1,500 personas reunidas y un sin fin de materiales en inglés y en español de diferentes editoriales y casas productoras para educar en casa. Pero lo que más nos impactó fue el rostro de los jóvenes, algunos adolescentes, que habían sido educados en el hogar: hombres y mujeres inteligentes, seguros de sí mismos, desenvueltos, elocuentes, con miradas limpias y maduras. Nada que ver con la juventud de ahora. Recordé que cuando Dios se refería a los “hombres de Israel”, contaba a los varones de 20 años para arriba, “los que podían ir a la guerra” (Num. 1:3). Dios espera que nuestros hijos varones tengan, a los 20 años, el conocimiento, la madurez y carácter necesarios para morir por una causa justa.
Vimos familias de hasta trece niños (¡sí, trece!) sentados con orden junto a sus padres, tranquilos, escuchando las conferencias durante todo el día. Niños normales que en los recesos se juntaban para jugar, corretearse y hasta gritar, pero que al comenzar de nuevo la conferencia se recogían y se sentaban obedientes en sus lugares respectivos.
Pero lo mejor de todo fue escuchar a Mike Richardson, fundador del Hogar Educador y uno de los principales conferencistas que aparecían en el programa. En medio de esa multitud, frente a sus nueve hijos correctamente sentados en la primera fila (excepto el bebé de brazos), Mike dijo pausadamente: “Por segundo año consecutivo he decidido no impartir ninguna conferencia en esta Convención, pues no quiero enseñar a nadie hasta no resolver los pendientes de mi propia familia…” ¡Qué lección nos daba con su ejemplo! ¡Cuánto bien harían los pastores y los predicadores a sus iglesias si hicieran lo mismo! Para mí fue un gran testimonio del carácter de Jesucristo y de la salud espiritual de esa organización. La Biblia dice que a la honra precede la humildad (Pr. 15:33). Mike nos enseñó con esas palabras que el homeschooling no es una métodología de enseñanza o técnica de estudio, mucho menos una panacea, sino que es, en un sentido amplio, el mejor ambiente para educar, pero sobre todo, para discipular a nuestros hijos.
Decidimos, pues, educar a nuestros hijos en casa bajo los principios bíblicos. Creemos que Dios nos ha llevado por este camino. Hemos investigado más y hemos encontrado beneficios adicionales de este enfoque educativo. Un estudio del National Home Education Research Institute (NHERI) http://www.nheri.org/ encontró que el rendimiento académico de los niños educados en el hogar tienen un 30% mejor promedio que la media nacional (estudio de 12,000 niños en los 50 estados de EE.UU.) El Dr. Gary Knowles, profesor de la Universidad de Michigan, ha investigado a personas adultas que fueron educadas en el hogar y encontró que el 96% de los entrevistados opinan que “de volver a empezar” les gustaría volver a ser educados en casa y que sorprendentemente ninguno de ellos estaba desempleado o en algún programa de ayuda económica del Estado.
Estamos empezando en esta importante tarea. Sabemos que no será fácil y pedimos a Dios de su gracia. Esperamos pronto compartir nuestras experiencias como padres educadores (homeschoolers). Gracias por sus oraciones.
ad de gente que asistió. Más de 1,500 personas reunidas y un sin fin de materiales en inglés y en español de diferentes editoriales y casas productoras para educar en casa. Pero lo que más nos impactó fue el rostro de los jóvenes, algunos adolescentes, que habían sido educados en el hogar: hombres y mujeres inteligentes, seguros de sí mismos, desenvueltos, elocuentes, con miradas limpias y maduras. Nada que ver con la juventud de ahora. Recordé que cuando Dios se refería a los “hombres de Israel”, contaba a los varones de 20 años para arriba, “los que podían ir a la guerra” (Num. 1:3). Dios espera que nuestros hijos varones tengan, a los 20 años, el conocimiento, la madurez y carácter necesarios para morir por una causa justa.
Vimos familias de hasta trece niños (¡sí, trece!) sentados con orden junto a sus padres, tranquilos, escuchando las conferencias durante todo el día. Niños normales que en los recesos se juntaban para jugar, corretearse y hasta gritar, pero que al comenzar de nuevo la conferencia se recogían y se sentaban obedientes en sus lugares respectivos.
Pero lo mejor de todo fue escuchar a Mike Richardson, fundador del Hogar Educador y uno de los principales conferencistas que aparecían en el programa. En medio de esa multitud, frente a sus nueve hijos correctamente sentados en la primera fila (excepto el bebé de brazos), Mike dijo pausadamente: “Por segundo año consecutivo he decidido no impartir ninguna conferencia en esta Convención, pues no quiero enseñar a nadie hasta no resolver los pendientes de mi propia familia…” ¡Qué lección nos daba con su ejemplo! ¡Cuánto bien harían los pastores y los predicadores a sus iglesias si hicieran lo mismo! Para mí fue un gran testimonio del carácter de Jesucristo y de la salud espiritual de esa organización. La Biblia dice que a la honra precede la humildad (Pr. 15:33). Mike nos enseñó con esas palabras que el homeschooling no es una métodología de enseñanza o técnica de estudio, mucho menos una panacea, sino que es, en un sentido amplio, el mejor ambiente para educar, pero sobre todo, para discipular a nuestros hijos.
Decidimos, pues, educar a nuestros hijos en casa bajo los principios bíblicos. Creemos que Dios nos ha llevado por este camino. Hemos investigado más y hemos encontrado beneficios adicionales de este enfoque educativo. Un estudio del National Home Education Research Institute (NHERI) http://www.nheri.org/ encontró que el rendimiento académico de los niños educados en el hogar tienen un 30% mejor promedio que la media nacional (estudio de 12,000 niños en los 50 estados de EE.UU.) El Dr. Gary Knowles, profesor de la Universidad de Michigan, ha investigado a personas adultas que fueron educadas en el hogar y encontró que el 96% de los entrevistados opinan que “de volver a empezar” les gustaría volver a ser educados en casa y que sorprendentemente ninguno de ellos estaba desempleado o en algún programa de ayuda económica del Estado.
Estamos empezando en esta importante tarea. Sabemos que no será fácil y pedimos a Dios de su gracia. Esperamos pronto compartir nuestras experiencias como padres educadores (homeschoolers). Gracias por sus oraciones.

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Imagen Mortal

Kairos ACN/ Staff

 

David McLean era uno de esos vaqueros rudamente atractivos que recorren la pradera montando a caballo, lazando…y fumando.

 

Hace 20 años amarró contrato con una empresa tabacalera, para convertirse en la imagen de cómo luce un verdadero hombre cuando enciende un cigarro.

 

Los comerciales sugerían que si se fumaban esos cigarros, el varón sería alto, delgado y con mucho estilo.

 

Sería la envidia de los demás hombres, las mujeres se desmayarían y aún los caballos lo besarían.

 

Sólo les falto omitir un pequeño detalle, también se puede morir de cáncer  pulmonar.

 

McLean lo descubrió muy tarde cuando  murió el 12 de octubre de 1995, si bien no era un hombre joven, pues tenía 73 años de edad, el cáncer pulmonar es una desagradable manera de morir, incluso para un viejo y rudo vaquero.

 

Se empieza con una ligera tos, como que ha estado recorriendo un camino polvoroso.

 

Se escupe un poco de sangre de vez en cuando, también se baja de peso.

 

Una vez que la enfermedad se afianza, se propaga a otras partes del cuerpo, siendo los más vulnerables los huesos y la columna.

 

Y entonces deja de sentirse ese vaquero fuerte que parecía al principio, más bien parece un vaquero que se ha caído de demasiados toros.

 

El dolor no se aleja, como el viento de invierno sobre la pradera, los pulmones derraman sangre hacia las vías respiratorias.

 

Y se expectora sangre, la respiración cada día se vuelve mas difícil, sobreviene una infección y después una neumonía, los demás órganos se agotan, el cuerpo se deteriora y finalmente…viene la muerte por asfixia.

 

Estoy viendo una foto de una revista ilustrada deportiva del año 76, encontré una foto del hombre de los cigarrillos anunciando venir a donde esta el sabor, venir a su mundo.

 

 

 

Podría ser McLean, o quizá Wayne McLaren, quien murió de cáncer pulmonar en 1992 a la edad de 51 años.

 

Ambos estaban entre los modelos contratados en 1975 para representar la imagen “western” de la compañía de cigarros.

 

La imagen muestra a un vaquero tan atractivo como la puesta del sol, hay arrugas alrededor de sus ojos, bien definidos en un rostro tostado, cejas gruesas y bigote espeso.

 

Sombrero blanco y chaleco de gamuza café; en un gancho detrás de él, cuelga una soga.

 

Esta recargado contra una vieja rueda de carreta, y con sus dedos sosteniendo de manera casual un cigarro.

 

Estas son la clase de imágenes que enganchan a los jovencitos a fumar más tenazmente que la presión de sus compañeros o las costumbres familiares, de acuerdo con un estudio que reportó el Instituto Nacional contra el Cáncer.

 

Es buena mercadotecnia usas imágenes de hombres machos, mujeres esbeltas y simpáticas caricaturas para persuadir a los adolescentes a dar esa primera fumada cuando sus pulmones están aún sanos y limpios.

 

¿Hasta cuando confesarán las compañías tabacaleras que están vendiendo armas mortales?

 

¿Y que su publicidad es una anuncio de muerte?

 

Para la gente joven, la imagen representa mucho, los niños y los adolescentes son los proverbiales “quiero ser”.

 

Queremos ser buena onda, queremos ser adultos, queremos encajar con nuestros amigos…queremos fumar esos cigarros.

 

Como el Honrado Juan y León seduciendo a Pinocho, las compañías de tabaco ponen sonrisas en sus rostros y cajetillas de cigarros en sus manos, colocando la muerte entre los labios de los niños y los jovencitos.

 

Pequeños vaqueros imitando al hombre del cigarrillo…estemos bien alertas, pues los buitres están sobrevolando.

Ejército de radicales

Kairos ACN/ Especial

 

En la segunda mitad del Siglo XIX, el General William Booth y su esposa Catherine, junto con cientos de personas más, marchaban por las calles de las peores secciones de Londres, y de otras ciudades y pueblos de Inglaterra, entonando himnos.

 

Para este contingente militar, las letras de las canciones no eran meras palabras bonitas para atraer a la gente.

 

Ellos necesitaban contar con el fuego consumidor del cual el canto hablaba, ellos no eran un ejército cualquiera, ellos estaban en guerra abierta en contra de todos los poderes de las tinieblas, y de hecho, estos habían desatado su furia, haciendo cuanto podían para detenerlos.

 

William y Catherine Booth fueron los instrumentos de avivamiento más radicales de su tiempo, pudieron haber continuado como ministros de la Iglesia Metodista y haber disfrutado de relativa comodidad y seguridad para el resto de sus vidas.

 

 Pero respondieron al llamado de Dios a algo tan controversial, peligroso e insólito, llevar la luz del Evangelio a los rechazados de Inglaterra,los desahuciados física, moral, económica y espiritualmente, durante una época en la que los más pobres eran tratados peor que animales.

 

El grito de guerra del Gral. Booth era “vayan por las almas…por las peores” y así lo hacían.

 

Los peores pecadores eran salvos, las cantinas y los prostíbulos se cerraron, y ciudades y pueblos enteros eran sacudidos.

 

Los convertidos eran maridos infieles y golpeadores de esposas, borrachos, ladrones, estafadores, criminales endurecidos y prostitutas.

 

Al principio William y Catherine pensaron ser sólo evangelistas y enviar a los convertidos a las iglesias establecidas, pero pronto se dieron cuenta de que este plan no funcionaba.

 

Su mal pasado, mal vestido y mal olor ofendía a los feligreses de las iglesias, por lo que no eran bienvenidos.

 

Fue entonces que Dios les dio la visión, las ruidosas marchas y mensajes de fuego, luego salían de las calles, marchando y cantando con banderas y estandartes levantados, haciendo notar su presencia en todo lugar, con una pasión para organizar un movimiento que no sólo pretendía a sus convertidos, sino que iría agresivamente por ellos.

 

Atraían a las masas a donde llegaban, sus salas de reuniones se llenaban al grado de que no había lugar donde pararse.

 

Las personas inundaban los altares para arrepentirse de sus pecados, donde quiera que se paraban, el poder de Dios se manifestaba maravillosamente en sus reuniones y las personas frecuentemente caían al suelo bajo la presencia y el poder de Dios.

 

La idea de un ejército que luchando contra el pecado cautivo a muchos, pero también atrajo gran oposición, las iglesias establecidas condenaban a Booth por sus maneras alocadas y poco conocidas para ganar a los perdidos.

 

Estaban incrédulos de que los rufianes y criminales notorios pudieran realmente ser convertidos y después participar en actividades cristianas.

 

Pero al ejército no le interesaba su oposición, que les importaba la opinión de los “religiosos respetables”, mientras que atrajeran a los pecadores.

 

Pero los religiosos eran el menor de sus problemas, los dueños de cantinas y bares los odiaban porque sus negocios estaban sufriendo al grado que muchos tuvieron que cerrar.

 

Persuadieron a sus amigos a formar otro ejército clandestino, cuyo objetivo era deshacerse del  Ejército de Salvación cueste lo que cueste.

 

Y por todo el país los “salvacionistas”, como se le llamaba a la milicia, enfrentaron motines en los que les aventaban ratas y gatos muertos, piedras, verduras podridas, sulfuro, chapopote y hasta brasas ardientes. En sólo un año, cerca de 700 “soldados” fueron brutalmente atacados.

 

La policía por lo general hacía poco por defenderlos, y hasta echaban a muchos a la cárcel bajo cargos de haber perturbado la paz.

 

Pero lo más serio fue que hubo mártires de este movimiento, Susan Beatty se convirtió en el primer “soldado caído”, cuando fue pateada, apedreada y dejada muerta en un callejón.

 

¿Cómo enfrento el ejército tales acciones?, resistían a sus enemigos con un “Dios te bendiga” y una oración.

 

El Gral. Booth declaraba, “mientras que las mujeres lloren como lo hacen ahora, pelearé, mientras haya niños hambrientos como hay ahora, pelearé; mientras los hombres entren a prisión, con su constante entrar y salir, pelearé, mientras que quede un sólo borracho, una sola niña perdida, en las calles, mientras haya una sola alma en tinieblas sin la luz de Dios, pelearé…pelearé hasta el fin.

 

Además de la gran transformación espiritual y social que vino gracias al avivamiento en sí, Booth hizo otras grandes contribuciones a la sociedad, entre otras cosas, dirigiendo la lucha en contra de la prostitución de jovencitas entre 13 y 16 años, haciéndola ilegal.

 

Escribió también un libro con un plan de reforma para los pobres y necesitados, ayudándolos a salir adelante y hacer una mejor vida. Este plan lo sigue usando el Ejército de Salvación hoy en día, y sus ideas han sido incorporadas  en los programas de ayuda social por los gobiernos de varios países en el mundo.

 

Con el tiempo, Booth llego a ser reconocido internacionalmente y entrevistado por líderes nacionales.

 

Un reportero no simpatizante de un periódico de prestigio escribió, “William Booth es el más extraordinario director de avivamiento que se ha conocido en este siglo, este movimiento esta peligrando en convertirse en una epidemia contagiosa”.

 

Josías Strong dijo, “probablemente durante ningún otro siglo, en la historia del mundo hay tantos borrachos, ladrones y prostitutas salvos como en el último cuarto de siglo a través de la fe y la labor heroica del Ejército de Salvación”.

 

Charles Spurgeon por su parte mencionó, “Si el Ejército de Salvación fuera quitado de Londres y aunque agregaran 5 mil policías más, estos no sería suficientes para detener el crimen y desorden como ellos lo han logrado.”

 

Pero, ¿Cuál fue el secreto de este instrumento poderoso de Dios?

En gran parte se debió a su estilo de vida que Él resumía en la frase, “trabaje como si todo dependiera de su trabajo y ore como si todo dependiera de su oración.”

 

William Booth trabajo incansablemente hasta el día de su muerte, más de 20 años después de la partida de su esposa Catherine.

 

Durante el curso de su ministerio, Booth viajó 5 millones de millas y predicó cerca de 60 mil sermones.

 

Pero la oración era el elemento sobrenatural, no era raro que él convocara a reuniones de oración que duraban toda la noche antes de que predicara, e insistía en los demás en la importancia de la oración.

 

Se dice que en cierta ocasión, dos oficiales del Ejército de Salvación fueron enviados a un lugar para empezar una obra nueva, sólo para encontrar fracaso y oposición.

 

Frustrados y cansados, enviaron un telegrama al General para que cerrara la misión, pero Booth les devolvió el telegrama con tres palabras, “intenten con lágrimas”. Siguieron el consejo y presenciaron un poderoso avivamiento

 

Pero por sobre todas las cosas, William Booth era un apasionado de Dios, que conocía íntimamente su Corazón, en medio de muchísimas dificultades de administrar y dirigir el movimiento, se apartaba para buscar a Dios y encontrar fuerza, valor y consuelo.

 

Era un hombre de sueños y visiones, inclusive publicó un libro, poco conocido hoy en día, en que relata varios sueños sobrenaturales que tuvo, en que se revela la pasión de Cristo por los perdidos, la importancia del Espíritu Santo y otros más.

 

Una breve porción de ese manuscrito, relata una de esas visiones, la cual puede servirnos como una palabra personal para nuestros días.

 

Cristo le preguntaba, “¿no escuchas los gritos desesperados de hombres y mujeres  muriendo por sus pecados?, ¿no escuchas?”.

 

Y conforme hablaba, era evidente el gran dolor en su corazón.

 

“¿No oyes el lloro y el crujir de dientes de hombres y mujeres que han descendido al infierno, porque a ningún hombre le importaron sus almas?”

 

“¿Acaso no puedes escuchar a esos pobres niños condenados no por Dios, sino por el hombre egoísta y desconsiderado?, ¿no puedes escucharlos llorar mientras sus pies los llevan en el camino de la perdición?”.

 

Algo tiene que hacerse, alguien tiene que ir, hombres y mujeres no pueden ser abandonados para que perezcan, sino que una mano se estreche para liberarlo, ¿quién, quién irá?

 

En ese momento, Jesús se puso de pie, y cruzó hasta donde yo estaba, me miro fijamente, y luego con voz más fuerte, habló una vez más.

 

Dijo sólo dos palabras, pero penetraron hasta lo más profundo de mi alma, “ve tú”.

 

 

Cortesía Revista la Red

Ocho días de paz.

Kairos ACN/Especial

 

Nació en un pequeño pueblo de Mississippi, USA, en el seno de una familia humilde, era hijo único y parecía que su vida no tenía futuro, no tenía dotes especiales y no tenía algún familiar “influyente” que le abriera camino por la vida.

 

Cuando tenía 18 años ganaba dos dólares diarios trabajando como chofer de un autóbus, hasta que se le ocurrió la idea de grabar un disco…

 

El resto de la historia es de todos conocido, Elvis Presley llegó a ser el artista más cotizado en la historia de los Estados Unidos de América.

 

Sin embargo, antes de su muerte dijo que estaba dispuesto a pagar un millón de dólares por ocho días de paz, donde no hubiera acoso de amigos, periodistas y fotógrafos.

 

Tenía 42 años cuando falleció, se presume que más de 5 toneladas de flores fueron colocadas sobre su tumba, y hubo gente que se traslado desde los cuatro puntos del planeta, ya sea por carretera o en avión, hacia Memphis, Tennessee para expresar su dolor por tan lamentable deceso.

 

El “rey del rock”, como se le conocía a Presley, estuvo dispuesto a pagar tanto dinero sólo por unos días de paz, aunque pudieramos pensar que lo tenía todo, dentro de su vida había un profundo vació, un vacio que todas sus posesiones materiales no podían llenar. Desafortunadamente, se dio cuenta de ello demasiado tarde.

 

La Biblia nos habla de un personaje parecido en Lucas 12:13-21.

 

Este personaje era sin duda exitoso,  tenía visión de negocios, era emprendedor , sabía invertir su dinero y tenía un futuro brillante.

 

Seguramente esa persona era la envidia de muchos, tal vez miles de mujeres estarían pensando seriamente en él como un perfecto partido para el matrimonio, y muchos de sus amigos querían hacer negocios a su lado.

 

Quizas este hombre tenía de si mismo la imagen de un triunfador, de lo listo  que era, de cómo la vida le había sonreido pues tenía todo lo que un mortal anhelaba tener.

 

Pero Dios no pensaba lo mismo, para Él era solamente un necio…

 

¿Cómo que un necio?, preguntarían muchos, una persona tan brillante no puede ser catalogada así.

 

Simplemente este hombre no pensó en los demás, no pensó en su familia, ni en sus amigos, muchísimo menos en Dios.  Se dedico a alimentar el estómago pensando que alimentaba su alma.

 

Creía que sería eterno en esta tierra, Dios no era parte de su agenda, jamás reconoció su ayuda y nunca tuvo gratitud hacia Él.

 

La noche que pidieron su alma, este pobre hombre descubrió que carecía de riquezas, tristemente cuando echo un vistazo a su interior, se dio cuenta que verdaderamente era un miserable.

 

Esa noche, asi como Elvis, aquel personaje era sólo un hombre necio,tan necio como todo aquel que deja fuera a Dios  de su vida, así sea un magnate financiero, el mejor futbolista del mundo, el premio nobel o la modelo del año.

 

Así es el que hace para si tesoro, y no es rico para con Dios.