100 mil indígenas habitan en Monterrey

Cortesía Fundación Sembremos Juntos

Cortesía Fundación Sembremos Juntos

Por Juan Manuel Díaz de León

La Buena Nueva de salvación en definitiva viene para toda Tribu, Lengua y Nación; en nuestra época contemporánea se observa un éxodo de creyentes del área Metropolitana que muchos honestamente sienten un llamado hacia las Naciones del mal llamado 1er. Mundo, países como los E.U.A; Canadá, Australia y los países de la Unión Europea, algunos otros justificamos nuestro deseo de un mejor nivel de vida dándole la calidad de “llamado divino” a nuestro deseo de emigrar hacia los países de economías desarrolladas.

Sin embargo, los regiomontanos parecemos olvidar que hay Naciones, tribus y Lenguas que han emigrado hacia nuestra área metropolitana en los últimos 40 años…. son las Naciones Indígenas.

Sé que tenemos Institutos Bíblicos, iglesias  y Organizaciones con llamado misionero; sin embargo al parecer ninguna que se sepa hasta la fecha tiene un programa que haga llegar el mensaje del Evangelio de Jesucristo a tales comunidades aquí asentadas.

Según el Censo General de Población y Vivienda, en el Estado se hablan 56 de las 62 lenguas indígenas que hay en el país. En 2000 se informó que aquí viven 18 mil 873 indígenas, es decir, 0.5 por ciento de la población estatal, de 3 millones 834 mil 141 habitantes. Pero para el gobernador Natividad González Parás, esa cifra alcanzaría actualmente al menos 30 mil indígenas, que hace el Pueblo de Dios para alcanzar a tantísima gente que muchos no hablan siquiera el idioma oficial?. muchos de los Indígenas que viven en nuestra Ciudad sufren la discriminación racial; por tal motivo la gran mayoría  no aceptan abiertamente su origen, ó porque su estancia es temporal, como los huicholes, que sólo vienen a realizar algún trabajo o a vender sus productos y regresan a sus comunidades. según cálculos del Gobierno Estatal asumen calculan que la población asentada y la flotante podría ser hasta de 100 mil.
El Consejo Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios (CDI), sostiene que la migración en la época contemporánea empieza básicamente en los años 40 con el programa Bracero, pero también fue en esos años cuando surgió la industrialización en las ciudades de Monterrey, Guadalajara y México, fenómeno que demandó abundante mano de obra, así que muchos indígenas abandonaron sus comunidades en busca de mejores oportunidades.

Así como en Estados Unidos los campesinos y migrantes mexicanos en general desempeñan los trabajos más rudos, sucios y mal pagados, que comúnmente rechazan los anglosajones, en la zona urbana de Monterrey los indígenas se ocupan de las tareas más pesadas y con los salarios más bajos: los hombres como peones de albañilería, jardineros o cargadores en los mercados, y las mujeres en el servicio doméstico. Los demás sobreviven con la venta de dulces, semillas o artesanías, y unos cuantos, sobre todo los más viejos o que tienen mayores dificultades con el idioma español, se refugian en la mendicidad.

Los ojos de Cristo miran a éstas Naciones indígenas como mas dignas de honor entre su reino; sería maravilloso que entre las asociaciones Misioneras, institutos e Iglesias de nuestra área Metropolitana surgiera al menos un programa de alcance a éstas comunidades.

En la colonia Héctor Caballero, municipio de Benito Juárez, al oriente de la zona metropolitana, se localiza un asentamiento de mas de 70 familias de mixtecos, que intentan reproducir los usos y costumbres de San Andrés Montaña, el pueblo que dejaron durante hace casi quince  años en una de las tantas sierras de Oaxaca.

Por los patios de los terrenos y en las calles sin pavimentar, deambulan gallinas, guajolotes, perros y puercos; aunque sus lotes miden apenas 20 por ocho metros, en promedio, algunos utilizan la mayor parte para el cultivo de maíz, calabaza, chile y otras plantas que rodean sus pequeñas casas.

Mientras carga a uno de sus nietos, sentada frente a su jacal de láminas galvanizadas y tablas viejas, Lucía Vázquez denuncia que las autoridades municipales de San Pedro, Guadalupe, Benito Juárez y Monterrey no los dejan vender en las calles las bolsas de mano y figuritas de plástico de colores que tejen, porque lo prohíben los reglamentos municipales.

Víctimas de la extorsión de policías e inspectores de comercio, los mixtecos, como pueden, llevan el sustento a sus familias y aunque la vida es dura en Nuevo León, Lucía Vázquez pone rictus de alarma cuando se le pregunta si desearía volver a San Andrés Montaña.

“Sí extraño, pero ya no quiero recordar, allá no hay qué comer, se pasa mucha hambre, sólo teníamos nopal y fríjol, a veces arroz, aquí hay todo”, dice la mixteca, de 50 años, quien no obstante, confiesa que si hay dinero, van sólo de visita en alguna fecha especial como Navidad.

Su hija Beatriz se queja de que las autoridades del DIF estatal y de los municipios metropolitanos se ponen muy severos, porque no permiten que traigan a sus hijos con ellas, y hay varias madres a las que se los han quitado, para llevarlos a los denominados “centros Capullo” para atenderlos bien”. Sucede que los de sistemas municipales de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) desconocen la cultura indígena y campesina, donde los niños prácticamente desde que empiezan a caminar se inician en el trabajo, realizando labores de acuerdo con su edad.

En el mismo municipio de Benito Juárez, pero en la colonia Arboledas de los Naranjos, se han asentado 40 familias nahuas, mientras en las colonias Genaro Vázquez y Lomas Modelo, del municipio de Monterrey, existen 220 unidades familiares de la etnia otomí.

Hay también 63 mazahuas residentes en las colonias Emiliano Zapata y La Amistad, en los municipios de Escobedo y Monterrey, respectivamente. la situación que sufren los indígenas en la ciudad es un fenómeno similar al que ocurre con nuestros “paisanos” en Estados Unidos.

Si este proceso no ha sido atendido porque “aquí no tenemos ni antropólogos mucho menos tenemos misioneros para éstas Naciones”, y ello indica “el poco interés de nuestro liderazgo evangélico por  aquello que no embona con la idea de progreso de primer mundo, de clase mundial… Para los buenos cristianos regiomontanos, los indígenas son seres invisibles, si llegan a la Iglesia por supuesto son incómodos y siempre lo serán por su color, por sus usos y costumbres; los veremos como ajenos si el amor de Dios hacia ellos no reposa en nosotros.

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4 noviembre, 2008 · 20:35

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